En 60 años, solo 3 mujeres han ganado el Premio Turing, a pesar de que han sido vitales en el mundo de la informática

Frances 'Fran' Allen, Barbara Liskov, Shafi Goldwasser
De izquierda a derecha, Frances 'Fran' Allen, Barbara Liskov y Shafi GoldwasserMIT, Wikimedia Commons, STEM Gems

Además de que son muy pocas las mujeres galardonadas, el Premio Turing lleva ya casi 15 años sin volver a premiarlas, una brecha que intentaron derribar estas 3 matemáticas.

El Premio Turing, el conocido popularmente como "Nobel de la Informática" tuvo su primera edición en 1966, hace ya 60 años en los que la presencia de las mujeres laureadas ha sido muy escasa, una perspectiva desalentadora para el talento femenino.

Concretamente, solo 3 mujeres han recibido este premio, o lo que es lo mismo, poco más de un 3% del total, a pesar de sus contribuciones en campos tan importantes como la arquitectura de sistemas, el diseño de lenguajes de programación o los fundamentos de la teoría de la complejidad.

De los más de 80 científicos galardonados a lo largo de estas 6 décadas, estas mujeres fueron capaces de romper el techo de cristal de una industria marcada por la masculinización.

Ellas fueron Frances 'Fran' Allen en 2006, Barbara Liskov en 2008 y Shafi Goldwasser en 2012; desde entonces, no han vuelto a aparecer mujeres en las listas de ganadoras.

Según uno de los últimos informes, que cruza datos de galardones con entrevistas a profesores de informática, las mujeres se centran mayormente en la investigación aplicada a este sector, aunque existe el sesgo generalizado de que el campo teórico es más prestigioso.

Adicionalmente, durante décadas muchos trabajos liderados por mujeres tenían un supervisor masculino, como ya ocurrió con Ada Lovelace, la madre de la informática, o las 6 programadoras originales del ENIAC –Kathleen MacNulty, Frances Bilas, Jean Jennings, Ruth Lichterman, Marlyn Wescoff y Betty Snyder Holberton–. 

Las 6 programadoras del ENIAC
Las 6 programadoras del ENIACComputer Hoy

Estas últimas matemáticas a las que sus compañeros hombres ingenieros quitaron el mérito de haber construido el primer ordenador electrónico programable de la historia.

En el caso de las votaciones y nominaciones, premios como el Turing también mantienen un sesgo, ya que la Association for Computing Machinery (ACM) usa un proceso de selección pasivo: solo reciben una nominación femenina cada 5 años.

Por tanto, en una industria que denigra las investigaciones aplicadas y que invisibiliza el trabajo de las mujeres, estos ejemplos supusieron un nuevo golpe al techo de cristal de un sector académico que las relega injustamente a un segundo plano.

Frances 'Fran' Allen, la primera en ganar el Turing

Frances 'Fran' Allen, primera ganadora del Premio Turing
Frances 'Fran' Allen, primera ganadora del Premio TuringIBM, Wikimedia Commons

Frances Elizabeth Allen, a quien todos apodaban "Fran", fue uno de los ejemplos más rompedores del momento. Se crio en una granja familiar en Estados Unidos y fue la mayor de 6 hermanos, mientras que su padre cuidaba la propiedad y su madre enseñaba en la escuela primaria.

Estudió matemáticas y, aunque no buscaba una carrera tecnológica, se unió a IBM en 1957, con apenas 25 años y en la búsqueda de un salario que pudiera pagar sus deudas estudiantiles para volver a la enseñanza.

Afortunadamente, Fran continuó 45 años más en IBM y fue la responsable de sentar las bases para la ejecución paralela automática, un aspecto clave de los superordenadores modernos, además de facilitar que los lenguajes de alto nivel pudieran ejecutarse de forma comparable al código escrito a mano.

No solo fue la primera mujer galardonada de los Premios Turing, sino que logró durante los 70 y los 80 que su grupo de investigación en IBM estuviera compuesto por un 50% de mujeres, algo inaudito para aquella época –y en muchos casos aún hoy en día–.

Barbara Liskov, la matemática que fue rechazada por ser mujer

Barbara Liskov, Premio Turing
Barbara Liskov, Premio TuringMIT, Freedomology

También matemática, fue la responsable de transformar la programación en una actividad bastante caótica y propensa a errores en algo más riguroso. No obstante, a pesar de haber estudiado en la Universidad de Berkeley en 1961, tuvo que enfrentar el machismo de la academia.

Liskov solicitó el ingreso en los programas de posgrado en Princeton, pero la respuesta en aquel entonces fue que la institución no aceptaba mujeres en matemáticas; en 1968, se convertiría en una de las primeras mujeres en conseguir un doctorado en Ciencias de la Computación en Estados Unidos, por la Universidad de Stanford.

Entre sus contribuciones más importantes, aparece el conocido como Principio de sustitución de Liskov (1987), uno de los pilares fundamentales de la ingeniería de software, y que permite que el código sea modular y fiable.

Adicionalmente, creó los lenguajes de programación CLU y Argus con el concepto de abstracción de datos, la base fundamental de algunos lenguajes modernos, como Java, Python o C#.

Al igual que Fran, tuvo un papel importante en garantizar reformas estructurales en los comités de contratación de la academia, duplicando la presencia de mujeres en las facultades de ingeniería.

Shafi Goldwasser, la pionera en conocer secretos sin revelarlos

Shafi Goldwasser y Silvio Micali
Shafi Goldwasser y Silvio MicaliMIT

Junto a Silvio Micali, otro ganador del prestigioso Premio Turing, sentaron las bases de lo que es la criptografía moderna, introduciendo el concepto de criptografía probabilística.

Antes de esta, la criptografía se basaba en el mismo texto plano para generar el mismo texto cifrado, ante lo que Goldwasser y Micali respondieron con este concepto, para conseguir que los algoritmos de encriptación sean probabilísticos.

Aunque quizás su aporte más rompedor fue el de Pruebas de Conocimiento Cero (ZKP), un método matemático para lograr conocer una información secreta sin revelar dicha información, la base fundamental de tecnologías actuales, como el blockchain y las criptomonedas.

A pesar de haber recibido ya el Premio Turing en 2012, desde entonces la ACM no ha otorgado el galardón a ninguna otra mujer. Casi 15 años de sequía que dan fe de que la industria aún tiene que cambiar.

Como ya dijo Goldwasser, la igualdad de género no es solo una cuestión de justicia, sino que llevará a la humanidad a hacer "mejor ciencia" y a tener personas mucho mejor preparadas para lo que viene.

Más información sobre: