¿Qué es una API y por qué es el gran puente tecnológico entre aplicaciones?

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La próxima vez que abras una app, recuerda que detrás del móvil hay decenas de API trabajando para que todo funcione sin que tú notes el esfuerzo, pero ¿qué es realmente?

Imagina que cada vez que usas una app del tiempo, pedir comida a domicilio o incluso publicar en redes sociales, hay un ejército de mensajeros trabajando entre bambalinas. Esos mensajeros son las API, y aunque no las ves, son las responsables de que todo funcione sin que tengas que hacer nada. Sin ellas, internet sería un caos.

Pero, ¿qué es una API? En español, es como casi el camarero de un restaurante: tú le pides algo del menú —sin necesidad de saber cocinar— y él te trae exactamente lo que necesitas. 

No ves la cocina, los ingredientes ni los pasos de preparación, solo disfrutas del resultado. Así funcionan las API: son intermediarios que permiten que diferentes sistemas se comuniquen y compartan información sin revelar sus secretos internos.

Lo más importante de esto es que las usas todo el tiempo sin darte cuenta. Cuando pagas con PayPal en una tienda online, cuando compartes un artículo de Twitter en WhatsApp o cuando Spotify muestra la letra de las canciones... todo eso son API en acción. Empresas como Google, Amazon y hasta tu banco las usan para crear ecosistemas donde sus servicios se complementan a la perfección con otros. 

¿Qué es una API?

API significa Interfaz de Programación de Aplicaciones, pero olvida ese nombre técnico y vamos a verlo más sencillo. Piensa en el sistema de pedidos en un restaurante. Cuando llegas a un local, no te diriges a la cocina a preparar tu plato favorito. En su lugar, consultas la carta, realizas tu pedido al camarero y este se encarga de transmitirlo a los cocineros, para finalmente servirte la comida lista. 

Las API funcionan exactamente igual: son intermediarios que permiten a diferentes sistemas tecnológicos comunicarse sin necesidad de conocer sus secretos internos. 

Esta tecnología se ha convertido en la columna vertebral de internet, aunque rara vez recibe el reconocimiento que merece. Cada vez que utilizas la opción 'Iniciar sesión con Google' en una aplicación nueva, estás presenciando el trabajo de la API de Google en acción. 

Esos mapas interactivos que aparecen en la web de un restaurante para mostrarte cómo llegar son posibles gracias a la API de Google Maps. Incluso operaciones cotidianas como ver el saldo bancario desde tu móvil o recibir notificaciones de WhatsApp dependen de estas conexiones.

El proceso detrás del funcionamiento de las API es increíble en su simplicidad

Tomemos como ejemplo lo que ocurre cuando pides un viaje mediante la app de Cabify. Al pulsar el botón de 'buscar conductor', tu aplicación móvil utiliza una API para enviar esta solicitud a los servidores de la compañía. 

Estos procesan la petición, identifican los vehículos disponibles en tu zona y devuelven la información a tu dispositivo, todo ello en cuestión de segundos. 

Todo este intercambio de datos ocurre en segundos, usando un lenguaje estandarizado que ambos sistemas entienden, normalmente en formato JSON. La magia está en que todo esto sucede sin que tú veas la complejidad técnica detrás.

En el ecosistema actual, existen diferentes tipos de API diseñadas para propósitos específicos. Las API públicas, como las que ofrecen servicios meteorológicos o plataformas de mapas, están disponibles para cualquier desarrollador que quiera integrarlas en sus aplicaciones, aunque muchas requieren pago después de cierto volumen de uso. 

Por otro lado, las API privadas son aquellas que las grandes empresas utilizan internamente para conectar sus propios sistemas, como hace Amazon para gestionar su compleja red logística. Un caso particular son las API de socios, que permiten a empresas diferentes colaborar estrechamente, como se puede ver en la integración entre bancos y servicios como Bizum.

No son solo una solución técnica; son un modelo de negocio perfecto

Lo cierto es que actualmente se han convertido en un muy jugoso negocio. Empresas como OpenAI o Google han descubierto que ofrecer acceso controlado a su tecnología a través de API puede ser más rentable que vender productos directos al consumidor.

Hablando de OpenAI, esta compañía detrás de ChatGPT, ha construido uno de los modelos de negocio más inteligentes del mundo tech a través de su API. En lugar de limitarse a ofrecer ChatGPT como un producto cerrado, OpenAI permite que cualquier empresa integre su inteligencia artificial en sus propias aplicaciones.

¿Cómo funciona? Cada vez que un desarrollador usa la API de OpenAI para generar texto, imágenes o análisis, paga por solicitud —como un 'peaje digital'—. Por otro lado, empresas como Microsoft, Duolingo o Salesforce usan masivamente esta API, generando recurrentes para OpenAI. Lo mejor de todo es que cuantas más apps usen la API, más datos recibe OpenAI para mejorar sus modelos, creando un círculo perfecto.

Para que te hagas una idea, OpenAI ya gana más con su API que con ChatGPT Plus; Amazon Web Services tiene más de 200 API diferentes y hasta bancos como BBVA están abriendo API para que otros creen servicios financieros

Con todo esto, comentar que, como ya ves, son los cimientos de internet. Hacen posible que las apps funcionen mejor, más rápido y de forma integrada. Pero también nos hacen depender de unas pocas empresas como Google o Amazon.

La próxima vez que abras una app, recuerda que detrás de esa pantalla hay decenas de API trabajando para que todo funcione sin que tú notes el esfuerzo.

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Carolina González

Redactora

Carolina González, redactora de actualidad, reportajes a fondo, análisis de todo tipo de productos y vídeos para el canal de Youtube.