Este científico de 91 años le promete a Putin un procesador 200 veces más potente que los occidentales

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El procesador Elbrus-B, está desarrollado en el lenguaje El-22 y fabricado con tecnología de 65 a 90 nanómetros, podría superar en velocidad y potencia a los chips de AMD e Intel.

En el mercado mundial de semiconductores existe una realidad que apenas ha cambiado en décadas, y es que los procesadores más avanzados y potentes del mundo siguen llevando el sello de dos gigantes estadounidenses, AMD e Intel

Estas compañías no solo han liderado la innovación, sino que han impuesto los estándares de referencia para todo el sector tecnológico. Sus chips son el corazón de superordenadores, centros de datos, ordenadores personales y la totalidad de los servidores. 

Cabe señalar que frente a este dominio, cualquier otra compañía que pretenda competir sabe que no solo necesita talento, tecnología y mucha inversión, sino también una apuesta decidida por la independencia tecnológica.

En este contexto, Rusia ha quedado relegada en la carrera de los microprocesadores. A pesar de su tradición científica, así como de los éxitos alcanzados durante la era soviética en computación, el país ha tenido que lidiar en los últimos años con sanciones internacionales, dificultades para acceder a la última tecnología y a la dependencia de fabricantes extranjeros. 

Estas circunstancias han obligado al Kremlin a impulsar, con urgencia, una serie de proyectos nacionales que permitan garantizar su soberanía. La ambición del gobierno de Vladímir Putin es dejar de depender de Occidente y situar al país, de nuevo, a la cabeza de la revolución tecnológica.

El proyecto Elbrus-B: el procesador que quiere desafiar a Intel y AMD

En el intento por romper la hegemonía de AMD, Intel o NVIDIA emerge Boris Babayan, un veterano ingeniero de 91 años, miembro de la Academia de Ciencias de Rusia y arquitecto principal de los procesadores Elbrus

Su trayectoria es difícil de igualar, ya que ha estado en el desarrollo de ordenadores soviéticos en los años sesenta y setenta, hasta puestos de responsabilidad en Intel durante más de una década. Ahora, ha aceptado el reto de liderar el proyecto Elbrus-B, prometiendo a Putin nada menos que un procesador hasta 200 veces más potente que las soluciones occidentales actuales

Este componente se presenta como el futuro de la computación rusa, un chip de arquitectura abierta, basado en un diseño original programado en el lenguaje El-22 y apoyado en una estructura de procesamiento paralelo inédita hasta ahora. Babayan sostiene que esta arquitectura permitirá un salto de potencia sin precedentes, muy por encima de lo que ofrecen los chips de AMD e Intel

Sin embargo, el proyecto enfrenta una contradicción evidente, y es que mientras los fabricantes occidentales ya producen chips en procesos de 3 a 4 nanómetros, el Elbrus-B será fabricado, en el mejor de los casos, en 65-90 nanómetros, una tecnología considerada obsoleta en la industria. 

Los responsables del proyecto insisten en que la clave no está solo en el tamaño de los transistores, sino en la eficiencia y el paralelismo de la arquitectura, capaz, según sus cálculos, de multiplicar entre 30 y 200 veces la potencia respecto a los procesadores de referencia actuales.

El objetivo es situar a Rusia en la vanguardia de la supercomputación, permitiendo que el país aumente por diez la potencia de sus superordenadores antes de 2030 y rompa de una vez por todas la dependencia de hardware extranjero. 

Para ello, los chips Elbrus-B se alinean de forma directa con los planes estratégicos de Putin para dar al Estado y a la industria herramientas propias en sectores tan sensibles como la defensa, la ciencia y la administración pública. De hecho, el interés internacional ya ha comenzado a mostrar interés, con India como uno de los posibles socios en el desarrollo y la producción futura del chip.

Dudas y escepticismo

Sin embargo, las promesas del científico Babayan no están exentas de escepticismo, ya que algunos expertos, tanto en Rusia como fuera de sus fronteras, advierten de las dificultades técnicas y económicas del proyecto. 

Producir chips de alta gama con tecnología de 65-90 nanómetros implica competir en clara desventaja frente a los líderes actuales. Además, el desarrollo de una arquitectura realmente innovadora plantea enormes desafíos de software, compatibilidad y eficiencia energética

Los más críticos consideran que Elbrus-B podría quedar relegado a nichos muy específicos y no llegar nunca a tener impacto en el gran mercado de los semiconductores, donde la eficiencia y la rentabilidad mandan sobre cualquier promesa de potencia bruta.

Queda por ver si este proyecto marcará realmente un punto de inflexión en la industria o si, como otros intentos anteriores, terminará diluyéndose ante las dificultades técnicas, la competencia internacional, así como la implacable lógica del mercado. 

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