Geoffrey Hinton (77), Premio Nobel de Física: "La tecnología creará un desempleo masivo, pero no es culpa de la IA, es el capitalismo"

Imagen generada con IA

El científico británico sostiene que la inteligencia artificial no es la responsable directa de la falta de empleo, sino las empresas que la usarán para sustituir trabajadores y maximizar beneficios.

El desempleo masivo llegará, pero no porque la IA sea malvada o autónoma, sino porque las empresas la utilizarán para lo que mejor saben hacer, recortar costes y aumentar beneficios, así lo piensa el científico computacional Geoffrey Hinton.

En su última entrevista, el también experto cognitivo y psicólogo reflexiona sobre un futuro del trabajo marcado por la desigualdad, donde alerta de que la tecnología que él mismo ayudó a desarrollar puede convertirse en un arma de concentración de riqueza sin precedentes.

Cabe señalar que no habla desde la especulación, sino desde la experiencia. Es por esta razón que Hinton, que dedicó su carrera a investigar las redes neuronales y fue clave en el auge del aprendizaje profundo, señala que la inteligencia artificial no es culpable en sí misma. 

El verdadero problema está en cómo se integra en un sistema económico que ya de por sí tiende a beneficiar a una minoría. La consecuencia: empleos temporales, oportunidades de entrada al mercado laboral cada vez más escasas y beneficios multiplicados en manos de unos pocos.

Las empresas usarán la IA para sustituir personas

Según Hinton, la sustitución de trabajadores por sistemas automatizados es una decisión empresarial que responde a una lógica capitalista. Esto significa que si una compañía puede reducir costes eliminando puestos de baja cualificación, lo hará. 

Si además consigue mantener o aumentar la productividad gracias a la IA, el incentivo es aún mayor. Al final, los empleos más afectados serán los de entrada, donde los recién graduados o trabajadores sin experiencia suelen dar sus primeros pasos

Secretariado, atención al cliente, análisis de datos básicos o redacción de informes son solo algunos ejemplos. Para Hinton, la ecuación es sencilla, puesto que los chatbots serán la herramienta perfecta para recortar personal en áreas que hasta ahora se consideraban imprescindibles.

El resultado, advierte, no será una simple reorganización del mercado laboral, sino un aumento brutal de la desigualdad. Mientras unos pocos verán crecer sus beneficios de forma exponencial, la mayoría tendrá menos oportunidades y más precariedad.

En este panorama, el científico abre una puerta a la esperanza en un ámbito concreto como lo es la medicina. Según él, si la inteligencia artificial multiplica la eficiencia de los médicos, no desaparecerán empleos, sino que se ampliará la atención sanitaria.

A diferencia de otros sectores, la demanda de salud nunca se sacia, ya que habrá más consultas, más diagnósticos rápidos, más seguimiento de enfermedades crónicas, todo ello puede absorberse sin desplazar a los profesionales. 

De hecho, un médico respaldado por IA podría atender a cinco veces más pacientes, lo que significaría más acceso y mejor servicio para todos. El matiz es importante, la IA puede ser un complemento real en lugar de un sustituto, pero depende del sector, así como de las decisiones políticas.

Los riesgos existenciales de la IA

Más allá del impacto económico, Geoffrey Hinton vuelve a insistir en los riesgos existenciales de la inteligencia artificial, que es una tecnología que los divide en dos grandes categorías.

La primera es el avance hacia una superinteligencia que supere el control humano. Aunque reconoce que la probabilidad no es altísima, la sitúa entre el 10% y el 20%, lo que en términos de riesgo global es un porcentaje inquietante.

Por otro lado, la segunda amenaza es más inmediata, que es el uso de la IA por parte de actores malintencionados. Fabricación de armas biológicas, campañas de desinformación masiva o ciberataques automatizados son escenarios que ya no parecen lejanos.

En este punto introduce un elemento geopolítico en el cual critica la falta de regulación en Estados Unidos y asegura que China, en cambio, se toma mucho más en serio la necesidad de imponer límites y normas claras al desarrollo de la IA.

Para Hinton, lo más honesto es reconocer la situación, ya que nadie sabe cómo evolucionará la IA en la próxima década. Quienes prometen certezas, asegura, se equivocan, porque la tecnología puede abrir la puerta a un futuro lleno de avances, pero también a uno marcado por crisis.

Lo que está en juego no es solo el empleo, sino el modo en que se organiza la economía y cómo se reparten los beneficios de un salto tecnológico. El mismo hombre que impulsó el auge de la IA ahora advierte que el código no es lo que importa, sino las reglas del sistema que lo rodea.

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