El número maldito de la tecnología: por qué nunca existieron Windows 9 ni iPhone 9, el secreto mejor guardado de Microsoft y Apple

Los principales productos de Microsoft y Apple nunca tuvieron una versión “9”. Esto es lo que pasó con el número de la “mala suerte” que las grandes compañías evitan.
Hay muchas empresas que enumeran los productos que van lanzando por números consecutivos o los dos últimos del año de lanzamiento. Un buen ejemplo de esto es como hace Samsung con los Galaxy S, pero los que más han destacado en la industria con proyectos con nomenclaturas son los de Microsoft y Apple.
Empezando por Windows 95, 98 y ME, la empresa de Bill Gates le ha dado varios títulos a sus sistemas operativos, pero después de Windows 7, el número pasó de ser el año a uno consecutivo. Lo mismo ha hecho la compañía de Steve Jobs desde el primer iPhone de 2007.
¿Qué tiene que ver una con la otra? Aunque son marcas completamente distintas y ofrecen diferentes propuestas, comparten algo en común que se sigue debatiendo hasta el sol de hoy. El “9”, un número que han evitado a toda costa en sus principales artículos.
Parece una locura, pero solo por eso ha sido considerado como una “maldición de la tecnología” durante años. ¿Es cierto que el nueve trae mala suerte o solo es un mito? ¿Por qué las compañías no lo quieren? Hay una repuesta para estas preguntas y aquí la conseguirás.
¿Por qué el nueve es un número prohibido?

Es curioso pensar que un número puede jugar con la suerte de una compañía entera, pero esto en realidad tiene una explicación y es más una coincidencia que una extraña maldición. Podría decirse que todo comenzó en 1997, año en el que ambas empresas estrecharon sus manos.
En esta época, Apple estaba en uno de sus puntos más bajos de la historia, por lo que una nueva competencia iba a hacer que el proyecto quebrara a pesar de que Steve Jobs volvió a ser el CEO. De este modo, se hizo un acuerdo con la empresa de Gates de 150 millones de dólares (130 millones de euros) invertidos en la manzana mordida para que se obtuvieran ciertas acciones.
Por ejemplo, desarrollar un Office para Mac, permitir que se incorporara Internet Explorar como un navegador predeterminado y se retiraran ciertas demandas. Además, esto beneficiaba Microsoft por el problema con el monopolio que tenía en ese entonces.
Después de eso, ambas siguieron sus rumbos con sus exitosos productos, siendo rivales con respeto. No volvieron a tener algo en común de tal magnitud hasta que decidieron no usar el número nueve en sus proyectos, pero ¿fue algo premeditado que proviene de sus inicios?
Windows 8 pasó directamente al Windows 10, mientras que el iPhone 8 al iPhone X. Esta no es más que una coincidencia y también una forma de marketing que implementaron las dos en su momento.
Por un lado, estaba Microsoft, con un sistema operativo que había sido muy criticado, cuando ya había una mala racha de poco éxito con proyectos como Vista y ME. No conseguían dar en el clavo con las expectativas de los usuarios y saltarse una etapa para otorgar una perspectiva de innovación parecía ser lo ideal.
Además, un Windows 9 también podría haber generado confusiones con versiones como la 95,98 y ME. Windows 10 llegó para quedarse con grandes innovaciones y se convirtió en uno de los sistemas operativos más exitosos de la compañía, tanto que hasta después de casi 10 años, sigue siendo el preferido de muchos y hay usuarios que se abstienen de actualizar a la 11 tras el fin de soporte.
Así fue como se representó el nuevo comienzo que tanto estaban buscando y la historia es similar con Apple. En sí, lo que buscaban era que se simbolizara un salto de tecnología importante y, aprovechando que tocaba el décimo aniversario del primer dispositivo, decidieron saltarse el iPhone 9 para anunciar un iPhone X lleno de grandes novedades, algo que generó esa sensación de modernidad.
Básicamente, las empresas ignoraron el nueve con el fin de hacer una innovación relevante que determinara un relanzamiento de los productos para marcar un antes y un después. No es un “número maldito”, sino un buen momento para crear cambios.