Casi el 10% de los cajeros automáticos del mundo usan un lenguaje de programación obsoleto de hace 65 años: aprenderlo puede hacerte rico

Creado en 1959, COBOL sigue siendo clave para el funcionamiento de bancos y cajeros automáticos. La falta de expertos ha disparado la demanda de quienes aún dominan este lenguaje.
Cuando hablamos de sistemas operativos, la mayoría piensa en Windows, Android, iOS o macOS. No es extraño, ya que son las plataformas que impulsan gran parte de los ordenadores, móviles y dispositivos utilizados en todo el mundo.
Sin embargo, lejos de los focos existen tecnologías mucho menos populares que siguen desempeñando funciones críticas para la economía mundial.
Una de ellas es COBOL, un lenguaje de programación creado hace 65 años que continúa siendo fundamental para bancos, aseguradoras y sistemas financieros.
Su presencia es tan importante que cerca del 10% de los cajeros automáticos del mundo siguen dependiendo de apps desarrolladas con esta tecnología, una situación que ha convertido a sus programadores en perfiles cada vez más escasos y valiosos.
El lenguaje que ayudó a construir la banca moderna
COBOL, siglas de Common Business-Oriented Language, nació en 1959 como un proyecto impulsado por un comité de expertos en informática en el que tuvo un papel destacado la pionera Grace Hopper.
Su objetivo era crear un lenguaje capaz de gestionar grandes cantidades de información empresarial de forma fiable y comprensible.
A diferencia de otros lenguajes diseñados para tareas científicas o técnicas, como Python o C++, COBOL fue pensado para procesar registros financieros, nóminas, cuentas bancarias y transacciones.
Es importante mencionar que su gran ventaja era la estabilidad, una característica especialmente importante en sectores donde un error puede tener consecuencias económicas importantes.
Por qué COBOL sigue presente en miles de sistemas financieros
Aunque en los últimos años han surgido tecnologías mucho más modernas, COBOL continúa funcionando en una enorme cantidad de infraestructuras críticas.
Por ello, bancos, compañías de seguros, plataformas de pago y organismos públicos siguen utilizando sistemas desarrollados durante décadas sobre este lenguaje, por lo que sigue siendo esencial.
Y la razón es muy sencilla, ya que simplemente funciona sin tantos errores. Por ello, muchas de estas aplicaciones gestionan millones de operaciones cada día y han demostrado una fiabilidad extraordinaria durante años.
Así que sustituirlas por otro lenguaje de programación más moderno implicaría revisar y reescribir cantidades gigantescas de código, un proceso complicado que puede prolongarse durante años y costar millones de euros.
Por este motivo, muchas entidades prefieren mantener y actualizar sus plataformas existentes antes que asumir los riesgos de una migración completa.
La escasez de expertos que está elevando los salarios
Cabe señalar que el mayor problema para las empresas no es la tecnología, sino las personas capaces de trabajar con ella. Y es que gran parte de los programadores especializados en COBOL comenzaron sus carreras hace décadas y muchos están alcanzando la edad de jubilación.
Mientras tanto, las nuevas generaciones suelen concentrarse en inteligencia artificial, desarrollo web, aplicaciones móviles o ciencia de datos. Como consecuencia, el número de expertos en este lenguaje disminuye cada año.
Esta combinación de alta demanda y escasa oferta ha generado una situación muy particular, donde bancos y grandes organizaciones continúan necesitando profesionales capaces de mantener sistemas esenciales, pero cada vez resulta más difícil encontrarlos.
Por ello, muchas personas de entre 20 y 30 años de edad están aprovechando la oportunidad y se han aventurado a aprender COBOL con el objetivo de conseguir un puesto de trabajo importante, sobre todo porque las empresas están ofreciendo salarios elevados.
COBOL puede parecer una reliquia, pero sigue siendo una pieza clave de la infraestructura financiera mundial. Su antigüedad no ha reducido su importancia, y la dificultad para encontrar expertos está aumentando el valor de quienes dominan este lenguaje.
En una industria obsesionada con las novedades, el caso de este lenguaje demuestra que las mayores oportunidades profesionales no siempre están en la tecnología más reciente, sino en aquella de la que todavía dependen millones de personas cada día.

