Andrew Wright, especialista en electrodomésticos de cocina: "Todos dependemos de nuestras lavadoras, pero muy pocas personas las usan correctamente"

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La durabilidad de una lavadora no depende solo de la marca y la calidad, sino de cómo la uses en el día a día. Con pequeños hábitos puedes evitar reparaciones costosas y alargar su vida útil.

Usar la lavadora parece tan sencillo que pocos se detienen a pensar si lo hacen bien. Sin embargo, los fallos más comunes no están en la máquina, sino en el uso que le damos. 

Andrew Wright, experto en electrodomésticos y fundador de Cookology, advierte que estos errores reducen su vida útil y hasta afectan la calidad de cada colada. Se trata de uno de los equipos más imprescindibles en casa y, al mismo tiempo, uno de los más caros de reparar o sustituir. 

Una avería supone gastos inesperados y desajustes en la rutina diaria, pero la buena noticia es que puede durar más de diez años si aplicamos unos cuantos hábitos sencillos que casi nadie tiene en cuenta.

Los errores que acortan la vida de tu lavadora

El primer fallo habitual es cerrar la puerta y el cajetín del detergente nada más terminar el ciclo. Al hacerlo, se genera un ambiente húmedo que favorece la aparición de moho y malos olores. Lo correcto es dejar ambas partes entreabiertas para que circule el aire.

Otro error es lavar siempre en frío, y es que si bien es cierto que programas a 30 °C ayudan a reducir el consumo eléctrico, abusar de ello provoca acumulación de bacterias en el tambor. Los expertos recomiendan un lavado de mantenimiento en caliente, vacío, al menos una vez al mes para higienizar la máquina.

La sobrecarga del tambor es quizá el hábito más extendido, por lo que llenarlo al máximo no solo impide que la ropa se mueva correctamente, también somete al motor y a los rodamientos a un esfuerzo extra que puede acortar su vida. Lo ideal es llenarlo al 75 %, dejando un espacio libre para meter la mano.

El exceso de detergente tampoco ayuda. Usar más cantidad no garantiza una limpieza mejor, sino que genera residuos dentro de la máquina, deja restos en las prendas y contribuye a la aparición de malos olores. Basta con seguir las dosis recomendadas en función de la carga y la dureza del agua.

Otro punto olvidado es el filtro, donde muchos usuarios ni siquiera saben dónde está, pero su limpieza es esencial. En él se acumulan pelusas, cabellos o monedas que pueden obstruir el drenaje, provocar ruidos e incluso dañar la bomba, por lo que conviene revisarlo cada cuatro o seis semanas.

Por último, ignorar las etiquetas de cuidado de las prendas es un error que pasa factura tanto a la ropa como a la máquina. Clasificar solo por colores no es suficiente, cada tejido tiene requisitos distintos de temperatura, centrifugado y tratamiento.

La regla de oro para cuidar el tambor de la lavadora

Wright resume la clave en una norma muy fácil de recordar: siempre debe quedar espacio para meter la mano y girarla dentro del tambor. Ese margen garantiza que la ropa se mueva con libertad, que el agua llegue a todas las prendas y que el detergente se disuelva correctamente.

Esta simple regla desmonta la idea de que llenar la lavadora "hasta arriba" ahorra tiempo y dinero. La realidad es la contraria, ya que sobrecargar el tambor aumenta el desgaste, empeora los resultados y obliga a repetir ciclos, lo que dispara el consumo energético. 

Cabe señalar que cuidar la lavadora no consiste solo en seleccionar el programa correcto. Los pequeños gestos diarios marcan la diferencia. Ventilar el tambor tras cada lavado, limpiar el cajetín del detergente de vez en cuando, evitar acumulaciones de jabón, así como revisar el filtro periódicamente.

Estos hábitos apenas requieren tiempo, pero previenen averías costosas, optimizan el consumo de agua, pero sobre todo electricidad y alargan la vida útil del electrodoméstico. Además, protegen la ropa: los tejidos duran más, conservan mejor los colores y evitan olores desagradables.

Por qué la lavadora es el electrodoméstico esencial del hogar

En cualquier hogar, la lavadora es un aparato imprescindible, porque su uso es casi diario, especialmente en familias con niños o en casas donde la ropa de trabajo se ensucia con frecuencia. Cuando falla, la rutina se desorganiza de inmediato.

Su fiabilidad es clave porque no hablamos de un aparato accesorio, sino de uno que sostiene el ritmo del hogar. Tener que acudir a una lavandería implica tiempo extra, además de un gasto adicional.

Asimismo, el coste de las reparaciones o de una sustitución completa no es menor. De ahí que cada año de vida útil extra que consigas con buenos hábitos suponga un ahorro real.

En muchas casas, la lavadora se considera indispensable no solo por comodidad, también por higiene. Permite mantener la ropa limpia sin esfuerzo y, para quienes se ocupan de las tareas domésticas, representa un aliado insustituible.

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