Está en todas las cocinas de España, pero nadie sabe que esconde en su interior oro de 22 quilates

El oro, que solemos relacionar solo con la joyería, también está presente en electrodomésticos de uso diario, como el microondas, donde resulta clave para su funcionamiento.
Quizás no lo sepas, pero el microondas, uno de los electrodomésticos más populares y utilizado en millones de cocinas para calentar en minutos, esconde un detalle sorprendente en su interior: piezas de oro de 22 quilates. Y no, no se trata de ninguna exageración.
Este metal forma parte de sus circuitos de control porque resulta prácticamente insustituible en determinadas funciones electrónicas. A diferencia de otros materiales, el oro garantiza una conductividad eléctrica óptima, no se oxida con el paso del tiempo y mantiene su estabilidad incluso cuando está expuesto a calor, humedad o variaciones extremas de temperatura.
Es importante mencionar que estas propiedades lo convierten en un recurso muy valioso para asegurar que los componentes del microondas —y de muchos otros dispositivos electrónicos— funcionen de manera precisa y duradera.
El oro oculto en los electrodomésticos
La razón por la que el oro está en tu microondas es puramente funcional, puesto que su alta conductividad eléctrica permite que la señal fluya sin pérdidas, algo fundamental en los paneles de control.
A diferencia de otros metales, no se oxida ni se deteriora con facilidad, lo que garantiza una larga vida útil a los circuitos. Su maleabilidad también lo convierte en un material ideal para fabricar conexiones diminutas sin riesgo de rotura.
Ese mismo principio se aplica en muchos otros aparatos que usas a diario, como televisores, móviles, ordenadores, cámaras digitales, aires acondicionados o frigoríficos, los cuales contienen pequeñas cantidades de oro en sus conectores y chips. La cantidad es mínima, casi imperceptible, pero suficiente para que el sistema funcione de manera estable.
Y si te estás preguntando si puedes extraer el oro del microondas, debemos decirte que no es algo que puedas hacer en casa, ya que requiere procesos químicos avanzados. Esto significa que es casi imposible que lo puedas hacer, para ello hay empresas dedicadas a ello.
Los electrodomésticos viejos no son solo basura, cada aparato que termina en un vertedero contiene metales valiosos que podrían ser reutilizados. Recuperarlos no solo tiene un beneficio económico, también ayuda a reducir la presión sobre la minería y la contaminación asociada a la extracción de nuevos recursos.
El valor del oro no se limita a su papel en la electrónica o a su uso en joyería, porque es un metal que ha sido considerado símbolo de riqueza y poder durante milenios, y cuya escasez en la naturaleza lo convierte en un recurso especialmente significativo.
Su estabilidad química lo hace prácticamente incorruptible, lo que significa que no pierde su brillo ni se degrada con el tiempo. Esa durabilidad, unida a su maleabilidad y a la confianza que despierta en los mercados, lo mantiene como uno de los activos más codiciados tanto para la industria como para la inversión financiera.
El microondas, más que un simple electrodoméstico
El microondas se ha convertido en un imprescindible en los hogares desde hace décadas. Su función principal es sencilla: calentar alimentos de forma rápida mediante ondas electromagnéticas que hacen vibrar las moléculas de agua en los alimentos, generando calor. Esa rapidez y comodidad lo han transformado en uno de los aparatos más utilizados en la cocina.
Con el tiempo, su diseño ha evolucionado, donde ha dejado de ser una caja voluminosa que solo servía para calentar leche o recalentar sobras, ha pasado a incorporar funciones de grill, descongelado automático, control digital de precisión o incluso programas inteligentes para cocinar recetas específicas.
Todo esto ha sido posible gracias a la electrónica avanzada que se esconde tras su panel de control. Aquí es donde el oro cobra protagonismo, puesto que los microondas modernos dependen de circuitos estables y precisos, capaces de resistir un uso constante y variado.
Para ello, los fabricantes recurren a metales nobles como el oro en ciertas partes críticas. Aunque hablamos de cantidades minúsculas, ese detalle marca la diferencia entre un aparato duradero y otro que podría fallar con facilidad, es por esta razón que este material es esencial en el funcionamiento de este y otros electrodomésticos.
El microondas es, por tanto, un ejemplo perfecto de cómo un electrodoméstico cotidiano puede encerrar en su interior tecnología más sofisticada de lo que parece. Sin el oro de sus circuitos, su fiabilidad sería menor y su vida útil más corta.

